En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero mientras más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la separación óptima (la más soportable).
La idea que esta parábola quiere transmitir es que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacer daño el uno al otro, al tiempo que, cuanto más lejana sea su relación, tanto más probable es que mueran de frío.
"Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos"
"Donde habite el olvido" de Luis Cernuda.
sábado, 26 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Terapia
Quizá soy un privilegiado, no todo el mundo se encuentra cara a cara frente al mismísimo Dios. O quizá simplemente sea una condena, o puede que yo sea una especie de Vicediós, como el Mesías del siglo XXI.
No lo se, el caso es que el “todopoderoso” me miraba, sus mirada era tímida, no intimidaba nada, me llamó la atención lo cuidada (y espesa) que tenía la barba.
Yo le observaba curioso, el sabía que me impacientaba saber para que me buscaba, claro que lo sabía era el todopoderoso. Así que aquel poderoso hombre (¿puedo decir hombre?) de frágil aspecto no se demoró más.
- Manuel, ¿quieres saber para que he venido, verdad?- jejeje, como molaba su voz con eco permanente, aunque siempre que me llamaban Manuel la cosa no iba bien, así que me limite a asentir.- Vengo a encarrilar tu camino. Con la poca edad que tienes y el daño que has hecho a tantas personas, debes cambiar si quieres que la cosas te vaya bien.
¿Y para eso baja tanto? Mente en blanco, mente en blanco que este escucha…
- Y bien, ¿tienes algo que replicar?
Nunca se me ha dado bien el póquer, y como confirmaría minutos después, tenía todas las de perder, aún así y como siempre me había perdido la boca, decidí marcarme un farol.
- Dices que yo he hecho daño, seguro que tú me ganas, claro que me llevas un huevo de años de ventaja.
- ¿Los enumeramos?
Empezó él, me recordó aquella tarde de agosto, yo tenía seis años, hacía mucho calor, mi madre dormía la siesta y yo le robé catorce duros para comprarme dos sobres de pegatinas de fútbol.
Flipas, catorce duros nada más, y ahora te clavan casi un euro por uno solo.
En fin me tocaba a mí. Pensé que reprocharle, y le dije lo típico:
- ¿Las guerras?
Dios comenzó a reír a carcajadas, me contó que el no influía en los pensamientos de las personas, que nosotros deberíamos encargarnos de arreglar el mundo solos.
Manda huevos que venga a buscarme por catorce duros, ¿no sería mejor que buscara a Bush o a ZP?, por ejemplo.
Dios siguió recordándome negativos capítulos de mi vida. Lo cierto es que hacía calor en aquel sitio, que por cierto, ni idea de donde estaba, ya podíamos habernos visto en el Rempalme Rock*, estaba claro que el jugaba con mejores cartas y el factor cancha, que cabrón.
Dio un salto bastante importante para llegar al siguiente incidente, por lo que se ve desde esos puñeteros catorce duros hasta la adolescencia me tuve que portar bien, me recordó aquel capítulo de mi vida, del que, seamos sinceros, no me enorgullezco nada, en el cuál por culpa de un viejo amigo, llámenlo ex amigo, nos dedicábamos a putear a una compañera de clase simplemente porque ella dejó a ex amigo.
- Bueno Manuel, creo que te toca.
Seguía pensando, ya no solo en aquella compañera, sino en la cantidad de putadas que habíamos hecho ex amigo y yo, menudo hijo de puta era él y que poca personalidad tenía yo para negarme. Espero que me sepan perdonar.
Dios, ese cabronazo, con tan solos dos anécdotas ya me había derrotado. No sabía que replicarle, el asentía, lo sabe todo y sabe que su terapia estaba funcionando.
Seguí reflexionado y aunque me sabía derrotado decidí pasar al ataque.
- Y de mi, ¿quién cojones se preocupa? Pocas veces en mi vida he recurrido a usted, nunca he sido demasiado creyente (aunque salta a la vista que si que existe), pero esas veces que creía que debía pedirte, nunca estuviste ahí. Para eso tampoco influyes, ¿no? Para prestarme un poco de suerte en los peores momentos. Jamás, ¿me oyes?
Suspiré, no sé en qué momento comencé a sudar, estaba agobiado, quería salir de allí, pensaba que Dios estaría en algún sitio más fresquito, aquello parecía el puto infierno.
- Así os va a la humanidad, doy si me dan, ¿no? Así no funciona, todos tenéis vuestro momento, debéis tener fe, no tirar la toalla. Tú dedícate a dar y seguro tendrás resultados.
No me convencía del todo, enfermedades graves en familiares, la cosa chunga en el trabajo y alguna otra cosilla que me reservaré, a pesar de ello, asentí a todo, total, siendo un hijo de puta tampoco me fue bien.
Seguí conversando unos minutos con él, eso, o como queráis llamarlo, al final me convenció de que para solo tener 24 años tenía muchas papeletas de acabar en el infierno, algunas de las citas que rememoró me hicieron incluso que me repugnase de mi mismo.
La conversación, la terapia o lo que fuese acabó, me fui algo defraudado, esperaba que me hubiese llevado años atrás a ver las escenas que me recordaba, en plan fantasma de las navidades pasadas, pero no, Dios también estaba en crisis.
Con un chasquido de sus dedos desperté en mi cama, si desperté, ¿qué esperabais? Nunca he estado demasiado cuerdo, pero aún no estoy como para que me encierren.
Nota 1: Todo parecido con la realidad es simple casualidad…
Nota 2: Siento las palabras malsonantes, pero este relato debía ser así.
*Rempalme Rock: Local de copas sin garrafón, muy buena música y gran ambiente al que es asiduo un servidor. Plaza Adolfo Suárez, Alcantarilla(Murcia)
No lo se, el caso es que el “todopoderoso” me miraba, sus mirada era tímida, no intimidaba nada, me llamó la atención lo cuidada (y espesa) que tenía la barba.
Yo le observaba curioso, el sabía que me impacientaba saber para que me buscaba, claro que lo sabía era el todopoderoso. Así que aquel poderoso hombre (¿puedo decir hombre?) de frágil aspecto no se demoró más.
- Manuel, ¿quieres saber para que he venido, verdad?- jejeje, como molaba su voz con eco permanente, aunque siempre que me llamaban Manuel la cosa no iba bien, así que me limite a asentir.- Vengo a encarrilar tu camino. Con la poca edad que tienes y el daño que has hecho a tantas personas, debes cambiar si quieres que la cosas te vaya bien.
¿Y para eso baja tanto? Mente en blanco, mente en blanco que este escucha…
- Y bien, ¿tienes algo que replicar?
Nunca se me ha dado bien el póquer, y como confirmaría minutos después, tenía todas las de perder, aún así y como siempre me había perdido la boca, decidí marcarme un farol.
- Dices que yo he hecho daño, seguro que tú me ganas, claro que me llevas un huevo de años de ventaja.
- ¿Los enumeramos?
Empezó él, me recordó aquella tarde de agosto, yo tenía seis años, hacía mucho calor, mi madre dormía la siesta y yo le robé catorce duros para comprarme dos sobres de pegatinas de fútbol.
Flipas, catorce duros nada más, y ahora te clavan casi un euro por uno solo.
En fin me tocaba a mí. Pensé que reprocharle, y le dije lo típico:
- ¿Las guerras?
Dios comenzó a reír a carcajadas, me contó que el no influía en los pensamientos de las personas, que nosotros deberíamos encargarnos de arreglar el mundo solos.
Manda huevos que venga a buscarme por catorce duros, ¿no sería mejor que buscara a Bush o a ZP?, por ejemplo.
Dios siguió recordándome negativos capítulos de mi vida. Lo cierto es que hacía calor en aquel sitio, que por cierto, ni idea de donde estaba, ya podíamos habernos visto en el Rempalme Rock*, estaba claro que el jugaba con mejores cartas y el factor cancha, que cabrón.
Dio un salto bastante importante para llegar al siguiente incidente, por lo que se ve desde esos puñeteros catorce duros hasta la adolescencia me tuve que portar bien, me recordó aquel capítulo de mi vida, del que, seamos sinceros, no me enorgullezco nada, en el cuál por culpa de un viejo amigo, llámenlo ex amigo, nos dedicábamos a putear a una compañera de clase simplemente porque ella dejó a ex amigo.
- Bueno Manuel, creo que te toca.
Seguía pensando, ya no solo en aquella compañera, sino en la cantidad de putadas que habíamos hecho ex amigo y yo, menudo hijo de puta era él y que poca personalidad tenía yo para negarme. Espero que me sepan perdonar.
Dios, ese cabronazo, con tan solos dos anécdotas ya me había derrotado. No sabía que replicarle, el asentía, lo sabe todo y sabe que su terapia estaba funcionando.
Seguí reflexionado y aunque me sabía derrotado decidí pasar al ataque.
- Y de mi, ¿quién cojones se preocupa? Pocas veces en mi vida he recurrido a usted, nunca he sido demasiado creyente (aunque salta a la vista que si que existe), pero esas veces que creía que debía pedirte, nunca estuviste ahí. Para eso tampoco influyes, ¿no? Para prestarme un poco de suerte en los peores momentos. Jamás, ¿me oyes?
Suspiré, no sé en qué momento comencé a sudar, estaba agobiado, quería salir de allí, pensaba que Dios estaría en algún sitio más fresquito, aquello parecía el puto infierno.
- Así os va a la humanidad, doy si me dan, ¿no? Así no funciona, todos tenéis vuestro momento, debéis tener fe, no tirar la toalla. Tú dedícate a dar y seguro tendrás resultados.
No me convencía del todo, enfermedades graves en familiares, la cosa chunga en el trabajo y alguna otra cosilla que me reservaré, a pesar de ello, asentí a todo, total, siendo un hijo de puta tampoco me fue bien.
Seguí conversando unos minutos con él, eso, o como queráis llamarlo, al final me convenció de que para solo tener 24 años tenía muchas papeletas de acabar en el infierno, algunas de las citas que rememoró me hicieron incluso que me repugnase de mi mismo.
La conversación, la terapia o lo que fuese acabó, me fui algo defraudado, esperaba que me hubiese llevado años atrás a ver las escenas que me recordaba, en plan fantasma de las navidades pasadas, pero no, Dios también estaba en crisis.
Con un chasquido de sus dedos desperté en mi cama, si desperté, ¿qué esperabais? Nunca he estado demasiado cuerdo, pero aún no estoy como para que me encierren.
Nota 1: Todo parecido con la realidad es simple casualidad…
Nota 2: Siento las palabras malsonantes, pero este relato debía ser así.
*Rempalme Rock: Local de copas sin garrafón, muy buena música y gran ambiente al que es asiduo un servidor. Plaza Adolfo Suárez, Alcantarilla(Murcia)
Crujidos
"Y si no encuentras fuerzas para salir de aquí,
yo las sacaré de donde sea y seguiré sin ti"
Me dijiste algo así con voz grave y resignada,
me grabé tus palabras y me vestí listo para comenzar.
Día uno en pie, comienzo a andar,
he de aguantar, lo puedo hacer.
El día dos avanza hasta el final
y llega el día tres, lo vuelvo a estropear.
Así que vuelta a empezar.
Día uno en pie, no he de pensar,
ya es día 2, Alprazolam,
comienzo a hablar y no me hago entender,
y llega el día tres, lo vuelvo a estropear.
No preguntes ni por qué ni por qué no,
sólo yo sé el motivo y no es bonito.
Me mudaré a otro sitio, me iré de esta ciudad,
pero ahora es de mí mismo de donde me quiero escapar.
No me des flores cuando aquí hay lirios y rosas,
las querré el día en que ya no quede una sola.
Entonces, ¿me complacerás?
Y dime, ¿cómo lo harás?
Día uno en pie, ¿qué puedo hacer
para encontrar restos de fe?
El tiempo pasa doloroso y lento
y luego en un momento lo vuelvo a joder.
Y entonces vuelta a empezar..
Día una en pie, siento pensar
cómo evitar sentir, pensar,
morir de sed y beber del mar
y al segundo día he vuelto a fracasar.
Si te miento no será por mezquindad,
estas penas siempre llegan por torpeza.
Día uno en pie, ¿qué puedo hacer
sino esperar verlo acabar?
El día terminó con un crujido,
me despierto herido y grito en soledad.
Que es jodido ya lo sé,
pero no es dramático,
esto no es tan trágico,
esto no es un drama, no,
te diré mil cosas por las que llorar ...
yo las sacaré de donde sea y seguiré sin ti"
Me dijiste algo así con voz grave y resignada,
me grabé tus palabras y me vestí listo para comenzar.
Día uno en pie, comienzo a andar,
he de aguantar, lo puedo hacer.
El día dos avanza hasta el final
y llega el día tres, lo vuelvo a estropear.
Así que vuelta a empezar.
Día uno en pie, no he de pensar,
ya es día 2, Alprazolam,
comienzo a hablar y no me hago entender,
y llega el día tres, lo vuelvo a estropear.
No preguntes ni por qué ni por qué no,
sólo yo sé el motivo y no es bonito.
Me mudaré a otro sitio, me iré de esta ciudad,
pero ahora es de mí mismo de donde me quiero escapar.
No me des flores cuando aquí hay lirios y rosas,
las querré el día en que ya no quede una sola.
Entonces, ¿me complacerás?
Y dime, ¿cómo lo harás?
Día uno en pie, ¿qué puedo hacer
para encontrar restos de fe?
El tiempo pasa doloroso y lento
y luego en un momento lo vuelvo a joder.
Y entonces vuelta a empezar..
Día una en pie, siento pensar
cómo evitar sentir, pensar,
morir de sed y beber del mar
y al segundo día he vuelto a fracasar.
Si te miento no será por mezquindad,
estas penas siempre llegan por torpeza.
Día uno en pie, ¿qué puedo hacer
sino esperar verlo acabar?
El día terminó con un crujido,
me despierto herido y grito en soledad.
Que es jodido ya lo sé,
pero no es dramático,
esto no es tan trágico,
esto no es un drama, no,
te diré mil cosas por las que llorar ...
lunes, 21 de mayo de 2012
París
París, la ciudad del amor, el mejor lugar del mundo para enamorarse o viajar con tu pareja. París, lo primero que veo al despertar. Es la primera noche que paso con ella y si ya tenía dudas sobre lo nuestro esa imagen me hace reflexionar más sobre esta relación, si todo iba demasiado deprisa. Me giro en la cama con cuidado de no despertarla, lo cierto es que es preciosa, pero no se si buscamos lo mismo. Recuerdo el momento exacto en el que la conocí, no me había pasado con ninguna, no se que significará eso, lo cierto es que ella es especial, no es una más y no me lo puedo negar. Se la ve muy tranquila mientras duerme, su flequillo moreno le cae sobre la cara tapando uno de sus ojos, con cuidado de no despertarla, se lo aparto y aprovecho para acariciarla, ella suspira. La observo unos minutos más, me parece la mujer más hermosa del mundo, o mejor dicho, la única. Ya no tengo dudas, tengo miedo a no dar la talla. Vuelvo a observar París, maldigo esas vistas, maldigo esa ciudad, la maldigo a ella...me maldigo. Me levanto con cuidado de no despertarla, la arropo y me dirijo a la ventana, de camino me paro, vuelvo a observar París, arranco el póster y lo lanzo la ventana…
viernes, 27 de abril de 2012
Caballero
Con un gruñido cada mañana
Despertaba usted a su amada
Y respondía ella con tristeza
Ante su falta de delicadeza
Con una taza de café
Y se quedaba sola y vacía
Esperando al hombre que conocía
Del que le hablaba a sus hermanas
Con la sonrisa de una enamorada
Y la inocencia de los 16
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Y entiéndame si no le pido a usted perdón
Pues le aseguro que no era mi intención
Encontrar el amor aquel atardecer
Cuando me acerqué extrañado a una mujer
Que no dejaba de llorar
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Y le aconsejo yo por mi experiencia
Que vaya usted tomando buena cuenta
Pues va a tener que hallar nuevas recetas
Antes de poder hacer las maletas
Y volver a caminar
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Debemos saber valorar lo que tenemos, porque sino lo hacemos, alguien sabrá hacerlo por nosotros y entonces descubriremos lo que hemos perdido.
Seamos más "caballeros" y menos "reyes del mundo".
Canción de Xoel López
Despertaba usted a su amada
Y respondía ella con tristeza
Ante su falta de delicadeza
Con una taza de café
Y se quedaba sola y vacía
Esperando al hombre que conocía
Del que le hablaba a sus hermanas
Con la sonrisa de una enamorada
Y la inocencia de los 16
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Y entiéndame si no le pido a usted perdón
Pues le aseguro que no era mi intención
Encontrar el amor aquel atardecer
Cuando me acerqué extrañado a una mujer
Que no dejaba de llorar
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Y le aconsejo yo por mi experiencia
Que vaya usted tomando buena cuenta
Pues va a tener que hallar nuevas recetas
Antes de poder hacer las maletas
Y volver a caminar
Y se creía usted un caballero
Y se creía usted el rey del mundo
Pero como puede haber alguien tan ciego
Para dejar pasar un amor así
Debemos saber valorar lo que tenemos, porque sino lo hacemos, alguien sabrá hacerlo por nosotros y entonces descubriremos lo que hemos perdido.
Seamos más "caballeros" y menos "reyes del mundo".
Canción de Xoel López
sábado, 21 de abril de 2012
Una de Miedo
Cuentan que hace muchos años un joven apuesto, llamémosle “Egoísmo”, se enamoró de una joven bellísima, su nombre, “Inseguridad”. Ambos se fundieron en uno y como resultado nació un pequeño que heredó los genes de sus progenitores, egoísta e inseguro, llamadle “Miedo”.
Durante su infancia a “Miedo” le costó relacionarse con los chicos de su edad, le costaba fiarse de las personas y cuando alguien conseguía ganárselo su egoísmo los expulsaba de su vida.
Continuó creciendo y sus prioridades fueron cambiando, de tratar de hacer amigos (harto complicado), su interés se centro en las mujeres. Las utilizaba como simples pasatiempos, disfrutaba de ellas y se marchaba. La culpa no era toda suya, nadie le enseñó a hacer otra cosa.
Fueron pasando los años y “Miedo” iba pasando de alcoba en alcoba. Pero algo trastocó su día a día, un día conoció a una mujer sin igual, la primera vez que alguien le dejaba sin palabras, le costaba mirarla a los ojos, era preciosa.
Jamás se había sentido tan bien con nadie, cuando estaba con ella su egoísmo se evaporaba, era otro. Supo que debía ser suya y “Miedo” quedó con ella para declararle su amor.
El joven salió de su casa camino de su cita, pero nunca llegó, no supo muy bien cuando se dio cuenta que cuanto más caminaba más se alejaba del lugar donde le esperaba.
Su inseguridad, su cobardía, su miedo a ser rechazado le hizo huir.
Jamás la volvió a ver y jamás pudo olvidarla… ¿Su nombre?...”PERFECCIÓN”…
sábado, 19 de noviembre de 2011
El Paraiso
No sabía si estaba vivo o muerto, ni siquiera dónde estaba. Solo había luz, una luz cegadora.
Seguí caminando, muy despacio, por un camino estrecho, casi a ciegas, apoyándome en las paredes de aquel extraño camino.
Tras horas de lenta caminata, la luz, poco a poco, comenzó a ser menos cegadora, estaba llegando a lo que parecía un jardín. El aroma de las flores comenzaba a invadirme, había llegado.
Con la mirada, recorrí cada centímetro de aquel lugar. Aquel lugar era muy hermoso, extrañamente hermoso. Había muchos árboles, todos adornados con nidos de pajarillos tropicales, muy amigables, algunos incluso se atrevían a posarse en mis hombros al pasar.
Las flores, de todo tipo y colores, rodeaban la estatua que reinaba desde el centro del jardín, una clave de sol, desde la cuál, conforme te acercabas, se escuchaba cada vez más alto el Knockin' on Heaven's Door de Bob Dylan.
Cuando llegué a la estatua, algo me llamó la atención. Justo detrás de la estatua había un banco, y allí una mujer sentada me daba la espalda. Me temblaron las piernas, no podía creerlo, ¿Qué hacía ella allí?
“Uuuuhh, I feel like I'm knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
- Te esperaba, siéntate a mi lado.
Mi cuerpo no respondía, estábamos en lugares diferentes, con esfuerzo y torpeza caminé hacía el banco.
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
Me senté a su lado, miraba a mis pies, siempre me había costado mirarla a los ojos, me imponía.
- Te preguntarás que hago aquí, ¿no? – asentí sin dejar de mirarme a los pies.- Soy tu ángel de la guarda, cuando llegue tu hora, siempre me tendrás aquí, a tu lado.
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
Se levantó, comenzó a caminar, observé de reojo como se alejaba. Iba completamente de blanco, estaba, era, es, será preciosa. Se giró y me dijo su última frase antes de desaparecer:
- Tienes una segunda oportunidad, aprovéchala…
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.
Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.”
Comprendí que si estaba vivo, aunque también comprendí que saber que ella estaría ahí me hacía tomarme la vida con tranquilidad, sabía que al morir sería muy feliz.
Creo que se me escapó alguna lágrima…
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.
Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.”
Seguí caminando, muy despacio, por un camino estrecho, casi a ciegas, apoyándome en las paredes de aquel extraño camino.
Tras horas de lenta caminata, la luz, poco a poco, comenzó a ser menos cegadora, estaba llegando a lo que parecía un jardín. El aroma de las flores comenzaba a invadirme, había llegado.
Con la mirada, recorrí cada centímetro de aquel lugar. Aquel lugar era muy hermoso, extrañamente hermoso. Había muchos árboles, todos adornados con nidos de pajarillos tropicales, muy amigables, algunos incluso se atrevían a posarse en mis hombros al pasar.
Las flores, de todo tipo y colores, rodeaban la estatua que reinaba desde el centro del jardín, una clave de sol, desde la cuál, conforme te acercabas, se escuchaba cada vez más alto el Knockin' on Heaven's Door de Bob Dylan.
Cuando llegué a la estatua, algo me llamó la atención. Justo detrás de la estatua había un banco, y allí una mujer sentada me daba la espalda. Me temblaron las piernas, no podía creerlo, ¿Qué hacía ella allí?
“Uuuuhh, I feel like I'm knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
- Te esperaba, siéntate a mi lado.
Mi cuerpo no respondía, estábamos en lugares diferentes, con esfuerzo y torpeza caminé hacía el banco.
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
Me senté a su lado, miraba a mis pies, siempre me había costado mirarla a los ojos, me imponía.
- Te preguntarás que hago aquí, ¿no? – asentí sin dejar de mirarme a los pies.- Soy tu ángel de la guarda, cuando llegue tu hora, siempre me tendrás aquí, a tu lado.
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door”
Se levantó, comenzó a caminar, observé de reojo como se alejaba. Iba completamente de blanco, estaba, era, es, será preciosa. Se giró y me dijo su última frase antes de desaparecer:
- Tienes una segunda oportunidad, aprovéchala…
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.
Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.”
Comprendí que si estaba vivo, aunque también comprendí que saber que ella estaría ahí me hacía tomarme la vida con tranquilidad, sabía que al morir sería muy feliz.
Creo que se me escapó alguna lágrima…
“Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.
Knock, knock, knockin' on heaven's door. Knock, knock, knockin' on heaven's door.”
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